El regreso del lobo mexicano: una mañana que nunca voy a olvidar
- Ruben

- 11 nov 2025
- 3 Min. de lectura
El pasado 9 de noviembre de 2025 viví una de las experiencias muy significativa en mi vida: la inauguración de la exposición fotográfica del lobo mexicano en las rejas del Teatro Ángela Peralta, en Polanco.
No voy a mentir: amanecí con nervios. Después de tantos meses de preparación, de reuniones, impresiones, permisos, ideas, desvelos y sueños, ese día por fin había llegado. Estaba frente a la exposición El regreso del lobo mexicano, esperando que la gente llegara. Miraba el montaje, el sol entre los árboles, y me invadía la duda más humana: ¿y si nadie venía?

Pero poco a poco, las miradas comenzaron a aparecer. Primero unos amigos, luego mi familia, y pronto desconocidos que se acercaban curiosos, atraídos por las imágenes y por la historia detrás de cada fotografía. Fue en ese momento cuando entendí que no se trataba de mí, ni siquiera de las fotos. El verdadero protagonista estaba ahí, en cada mirada que se detenía frente a él: el lobo mexicano, símbolo de resistencia, belleza y esperanza.
El verdadero protagonista: el lobo mexicano
Ver a tanta gente emocionada, preguntando y queriendo aprender más sobre el lobo mexicano fue profundamente conmovedor. Muchos se acercaban con una sonrisa, otros con asombro, y más de uno con los ojos brillosos. Me conmovió descubrir que ese mensaje que tanto habíamos trabajado —darle voz al lobo— realmente estaba llegando.
Y entre toda esa emoción, me sentí muy afortunado de compartir este proyecto con Sisel Lan, un gran amigo y cómplice en esta y muchas aventuras. Su mirada fotográfica, su sensibilidad y su entrega fueron esenciales para construir juntos este homenaje visual a una especie que casi perdemos.

Los pequeños embajadores del futuro
Uno de los momentos más especiales fue ver a tantos niños recorriendo la exposición. Algunos señalaban las fotos, otros imitaban los aullidos, y muchos hacían preguntas que me recordaron por qué hacemos esto. Su curiosidad y entusiasmo fueron contagiosos.
Verlos disfrutar, maravillarse y entender que el lobo no es el villano de los cuentos, sino un símbolo de equilibrio y vida, me llenó de esperanza. Ellos son los embajadores del futuro del lobo mexicano. Si logramos que crezcan con empatía hacia la naturaleza, el trabajo habrá valido la pena.
Una causa que une corazones
También me llenó de alegría ver a tantas personas apoyando con la venta de fotografías y mercancía. No solo se llevaron un recuerdo de la exposición, sino que cada compra se transformó en un gesto de ayuda para seguir protegiendo a los lobos que aún luchan por sobrevivir.
Detrás de cada imagen hay mucha colaboración con el Santuario Extinción Cero y con Lobos Libres de México, la organización que lideramos Gabo y yo con la convicción de que la educación, el arte y la fotografía pueden cambiar la forma en que vemos a esta especie increíble.

Gratitud y esperanza
Cuando el bullicio se apagó y solo quedó el eco de las voces y los pasos, me senté a mirar las fotos iluminadas por la tarde. Sentí una enorme gratitud. Por todos los que estuvieron, por los que creen en este proyecto, por los que se dejaron tocar por la mirada del lobo.
Y sobre todo, gratitud por el propio lobo mexicano —el verdadero guardián de su especie— que, con su sola presencia, nos recuerda que aún hay esperanza si decidimos escuchar.

Visita la exposición El regreso del lobo mexicano
La muestra permanecerá abierta en el Teatro Ángela Peralta, Polanco (CDMX) hasta el 2 de enero de 2026. Es una oportunidad para conocer de cerca la historia, la fuerza y la belleza del lobo mexicano a través de la fotografía.

Muy pronto estaremos organizando visitas guiadas para compartir más sobre las historias detrás de cada imagen y sobre el trabajo de conservación que realizamos con Lobos Libres de México. Avisaré por este medio y en redes sociales para que puedan acompañarnos y vivir esta experiencia en persona.
Si quieres saber más sobre la especie y apoyar los programas de conservación, visita Lobos Libres de México. Cada visita, cada foto compartida, cada palabra cuenta para mantener vivo el aullido del lobo en México.




































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