Miguel Ángel de la Torre Loranca: cuando la ciencia y la conservación también son víctimas de la violencia
- Ruben

- 15 ene
- 3 Min. de lectura
Hay historias que uno nunca quisiera escribir. Historias que incomodan, que duelen y que dejan una sensación de impotencia difícil de describir. Esta es una de ellas.
Conocí a Miguel Ángel de la Torre Loranca en 2021. Fue una sola vez, nada más. Coincidimos cuando él estaba por publicar información sobre la abronia de Zongolica, una especie fascinante y poco conocida, y yo tuve la oportunidad de tomarle algunas fotografías durante su trabajo de campo. Las imágenes que acompañan este texto son de ese momento: Miguel sosteniendo con cuidado a las abronias, con la atención y el respeto que sólo alguien que realmente entiende a la naturaleza puede tener.

No volvimos a vernos después. No hubo una amistad cercana ni un trato continuo. Fue un encuentro breve, pero suficiente para notar algo muy claro: Miguel era una persona comprometida con su trabajo, con la ciencia y con la divulgación. Alguien que estaba ahí por las razones correctas.
Hoy escribo esto porque Miguel Ángel fue privado de su libertad en la Sierra de Zongolica, Veracruz, y su paradero sigue siendo desconocido. Fue citado bajo el pretexto de un “diálogo” y, horas más tarde, su familia recibió una exigencia de rescate. Desde entonces, el silencio.
Miguel no es una cifra. No es una estadística más. Es un biólogo, herpetólogo, educador ambiental, fotógrafo de naturaleza. Es hijo, familiar, amigo, colega. Es alguien que dedicó su vida a estudiar, proteger y dar a conocer especies que muy pocas personas voltean a ver.
Y sin embargo, hoy su nombre se suma a una lista que en México parece no tener fin.
La violencia que alcanza incluso a quienes cuidan la vida
Lo que más duele de esta historia —además de la desaparición en sí— es el contexto. Miguel no era un criminal, no era un político, no era alguien que estuviera buscando poder o dinero. Era un científico. Un divulgador. Un defensor de la biodiversidad.
Y aun así, eso no lo protegió.
En México, la violencia ya no distingue perfiles. Afecta a periodistas, defensores de derechos humanos, activistas ambientales, científicos, fotógrafos, comunidades enteras. Personas que trabajan en campo, que se mueven en zonas rurales, que documentan, que investigan, que protegen… se vuelven vulnerables en un país donde la impunidad es la norma.
Resulta profundamente doloroso pensar que alguien que estudiaba reptiles, que hablaba de conservación, que compartía conocimiento, hoy esté desaparecido sin que haya respuestas claras.
Las fotografías como testimonio
Cuando reviso estas imágenes, no las veo sólo como fotografías. Las veo como testimonios de una vida dedicada a la naturaleza. Como fragmentos de un momento en el que todo parecía normal, en el que nadie imaginaba que años después estaríamos hablando de su desaparición.
Por eso decidí publicarlas. No desde el morbo, ni desde el sensacionalismo, sino desde la memoria y el respeto. Porque el silencio también es una forma de violencia, y porque olvidar es permitir que estas historias se repitan.

No conocí a Miguel profundamente, pero esto nos concierne a todos
Quiero ser claro: yo vi a Miguel una sola vez. No puedo hablar en nombre de su familia ni de sus amigos cercanos. Pero sí puedo decir que esto que le está pasando no debería pasarle a nadie. Y mucho menos a personas que dedican su vida a generar conocimiento y a cuidar el patrimonio natural de este país.
Es horrible aceptar que en pleno 2026 sigamos normalizando la desaparición de personas. Que tengamos que escribir textos como este. Que tengamos que exigir lo básico: que alguien regrese con vida a casa.
Nombrar es resistir
Escribo este texto para que su nombre no se pierda.Para que Miguel Ángel de la Torre Loranca siga presente.Para que su trabajo, su pasión y su historia no queden enterrados bajo el ruido de otras noticias.
Ojalá este post sume, aunque sea un poco, a la visibilidad.Ojalá ayude a recordar que detrás de cada caso hay una vida completa.Ojalá algún día podamos escribir el final que todos esperamos.
Miguel Ángel merece volver. Su familia merece respuestas.Y México merece dejar de ser un país donde la violencia alcance incluso a quienes protegen la vida.





Comentarios