Lo que aprendimos en el curso de fotografía del lobo mexicano en el Santuario Extinción Cero
- Ruben

- 23 jun
- 3 min de lectura
El 13 y 14 de junio organizamos, desde Lobos Libres México A.C. en colaboración con el Santuario Extinción Cero, un curso de fotografía de fauna pensado para algo más que enseñar a manejar una cámara: queríamos que cada participante saliera entendiendo por qué el lobo mexicano importa, y cómo contar esa historia con una imagen.
Dos días, un grupo pequeño, mucho bosque y, de fondo, los aullidos que le dan sentido a todo esto. Así fue.
Por qué el lobo mexicano importa
Antes de hablar de cámaras, hablamos de lobos. El Canis lupus baileyi —el lobo mexicano— es la subespecie de lobo gris más pequeña de Norteamérica y, también, una de las más amenazadas. A mediados del siglo XX las campañas de exterminio impulsadas por conflictos con la ganadería lo llevaron al borde de la desaparición; para 1976 ya se le consideraba extinto en vida silvestre. Sobrevivió únicamente gracias a un puñado de ejemplares en cautiverio, base de todo lo que hoy se ha logrado recuperar.
Desde finales de los años 90 y, en México, de forma más decidida a partir de la última década, un programa binacional entre México y Estados Unidos trabaja en su reintroducción. Hoy existen poblaciones silvestres en Chihuahua y nuevos núcleos en Durango, además de decenas de instituciones, santuarios y centros de conservación que mantienen programas de cría y manejo genético. Sigue siendo una especie en peligro de extinción, pero la tendencia, lentamente, es de recuperación.
Y no es solo una cuestión sentimental: el lobo es un depredador tope. Su sola presencia regula a venados y coyotes, frena el sobrepastoreo y ayuda a que bosques y ríos se regeneren. Perder al lobo no es perder una especie aislada; es perder una pieza que sostiene a muchas otras.
Con ese contexto en la cabeza, el grupo entendió algo clave antes de levantar la cámara: lo que estábamos fotografiando no era solo un animal hermoso, sino un símbolo vivo de conservación.

Fotografía de fauna: lo que se practicó en campo
La segunda mitad del curso fue manos a la cámara. Trabajamos composición, manejo de teleobjetivos pesados, lectura de luz en condiciones de bosque cerrado, que cambia todo el tiempo, y sobre todo, paciencia: la fotografía de fauna premia a quien sabe esperar el momento, no a quien dispara más rápido

La noche de los aullidos
Hay un momento de estos cursos que no se enseña, se vive. Esa noche, ya en el campamento, escuchamos aullar a la manada del santuario. Todos... menos Francis, que se ni los aullidos la despertaron
Recorrimos el santuario y convivimos de cerca con los lobos-perro híbridos que ahí se resguardan.

Cerramos el curso comviviendotodos juntos, hablando de lo que cada uno se llevaba. La técnica se aprende; el respeto por lo que se fotografía, se vive.
Desde Lobos Libres México A.C. seguimos trabajando junto al Santuario Extinción Cero para que estos espacios de encuentro entre fotografía y conservación sigan pasando. Si quieres ver más del trabajo que hacemos con el lobo mexicano, puedes seguirme en Instagram en @rubenonaplane, y si te interesa el próximo curso, escríbenos — el cupo siempre es reducido a propósito.











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